5 de julio, 2007
7/5/07 Muchos en mi oficina han vuelto de sus vacaciones. Los cubículos han empezado a llenarse y se escuchan por todos lados diferentes voces tratando de comunicar sus experiencias de vacaciones. Donde fueron, cómo lo hicieron, que vieron, que comieron, que les ocurrió, si se enfermaron, si les gustó el lugar que visitaron. Algunos se han detenido frente a mi cubículo y me cuentan que 2 semanas fuera de casa (de la oficina, diría yo...) fue demasiado y que estaban ansiosos por volver.
A no ser que uno lo pase muy mal, es raro encontrar a alguien que quiera volver a la oficina después de unas vacaciones. El cuerpo y la mente quieren seguir de vacaciones, ¿no es verdad?
Ayer fue feriado aquí y hacia un calor agobiante, lo que en cierta forma le resta placer a las horas de "ocio". Al salir a dar un paseo al atardecer, cuando el sol no picaba tanto, era fácil notar que el número de personas deambulando por las calles de mi pequeña ciudad era reducido. O estaban en casa, haciendo sus BBQs o simplemente se habían ido a la playa, a Santa Cruz, a San Francisco (donde no hay playa, ja ja ja) o estaban a puertas cerradas, con sus AC/AA funcionando a todo vapor o a toda electricidad y tomando galones de agua. Por mi parte tomé varios litros, que al final del día me tenían el sistema haciendo glu glu glu y la ropa la sentía cada vez más ajustada :). Creo que esos litros de agua hicieron subir mi peso unas 5 libras o en buen romance unos 2 kilos!
Los restaurantes de la calle Castro, que generalmente están muy concurridos, estaban a medio llenar - los que estaban abiertos claro está - porque no había muchos atendiendo público. La mayoría de esos restaurantes son asiáticos..., y siguen llegando o abriendo nuevos. Acaban de abrir uno que le han llamado "Hong Kong Bistro" (una cruza de francés con asiático o al revés (¿?) y por supuesto que la gente quiere probar y ese si que tenia público, principalmente en las mesas colocadas en la vereda. Me pregunto como será la comida que sirven. A lo mejor es parecida a la del restaurante del frente que es chino, de China, también de los múltiples taiwaneses, tailandeses, indios, japoneses, italianos, brasileños, españoles y de varios otros países (más asiáticos que de otros continentes) cuyos nombres no recuerdo en estos momentos. Hay tantos y al final casi todos huelen parecido. Pasearse por la calle Castro es darse un baño de olores culinarios. También miré con atención a la diversidad de comensales y a los platos que se servían, ya que estaban sentados frente a sus comidas dispuestas en mesas en las aceras. Arroces de todo tipo, trozos de pollo asado al grill, vegetales, y otras mezclas de carnes con verduras, pastas, ensaladas y curries o similares. Cada vez que paso por allí, siento un embriagador olor a carnes asadas, adosadas con ajo y especias del oriente, que pueden abrir el apetito hasta a un difunto.
Pocos autos, poca gente, pocos negocios abiertos y mucho, mucho calor. Unos 30 grados Celsius a las 8 de la tarde. Seguro que a mediodía el termómetro estaba bordeando los 40. Dicen que hoy sobrepasará esa cifra. ¡Nos vamos a cocinar! Cuando oigo las cifras en Fahrenheit (las que usan aquí), mi cerebro quiere de inmediato procesarlas en Celsius, imagino que en un vano intento de no verlas tan abultadas. Uno se siente mejor en una temperatura ambiente de 38 grados Celsius que en una de 105 F, ¿verdad? ¡Dos dígitos de temperatura son más soportables que tres! -G
Friday, December 9, 2016
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